• Federico Schweizer

Acuerdo histórico por un impuesto global a las multinacionales. ¿En favor de todos?

Por Federico Schweizer


Los gobiernos del G7, que agrupa a Canadá, EEUU, Japón, Francia, Alemania, Italia y Reino Unido, firmaron el 28 de mayo pasado, un acuerdo para fijar una nueva fiscalidad internacional, la implementación unánime del marco para una tasa impositiva corporativa global.


El concepto de una tasa impositiva corporativa global no es nada nuevo. Con empresas como Google, Amazon, Facebook y Apple generando miles de millones de dólares en ingresos y pagando poco o ningún impuesto, los reguladores y órganos de gobierno han intentado cerrar las lagunas que utilizan estas grandes multinacionales, quienes se han transformado en la última década en expertos en ingeniería fiscal.


Como si se tratara de una subasta al mejor postor, durante años muchos gobiernos han tratado de bajar al mínimo los impuestos a éstas empresas multinacionales para atraerlas a su territorio. Esa competencia ha dado una gran ventaja a las compañías al dejarlas en una excelente posición negociadora.


Pero la necesidad de llenar las arcas vaciadas por la pandemia y la llegada del gobierno de Biden a Estados Unidos, crearon el momento oportuno para poner fin a los infinitos intentos por parte de OCDE y el G7 de establecer un impuesto mínimo global a las empresas multinacionales y lograr que los países lleguen a un acuerdo para definir un piso tributario, es decir, poner un límite para evitar cobros impositivos demasiado bajos. Hasta ahora, mucho se había hablado, pero nunca se había definido cuál sería esa tasa mínima.


El "primer pilar" del acuerdo se aplicaría a las empresas globales con un margen de beneficios de al menos el 10 por ciento. Un impuesto del 20 por ciento sobre cualquier beneficio que supere ese margen se redistribuiría y gravaría en los países en los que realicen ventas, ha explicado el ministro de Finanzas británico, Rishi Sunak.


El "segundo pilar" es el compromiso de introducir un tipo impositivo mínimo global para las empresas del 15 por ciento. Esto desincentivará que las grandes empresas declaren sus beneficios en paraísos fiscales. También evitará que los países intenten aprovecharse de la situación de los demás.


Sin embargo, todas estas medidas tendrán que encontrar primero un respaldo más amplio en una reunión del G20 —que incluye varias economías emergentes—, y que se celebrará durante el próximo mes de julio, en Venecia.


Los protagonistas principales, o los principales afectados, parecen haber reaccionado bien a las noticias, expresando la necesidad de tener claridad en las normas y lograr un acuerdo equilibrado y duradero.


Por otro lado, los países emergentes, quienes se han beneficiado durante muchos años con este tipo de políticas “beneficiosas”, son muy críticos de este tipo de soluciones, alegando que la competencia fiscal entre países por ofrecer impuestos más bajos a las empresas multinacionales es positiva. Países como Irlanda, han implementado políticas de muy bajos impuestos para atraer empresas y han logrado así impulsar su crecimiento económico.


Muchos interrogantes en el futuro:


  • ¿Quiénes serán los más beneficiados? Muchos países habían adaptado gran parte de su legislación para albergar a éstas megaempresas, quienes ahora podrían volver sus países de origen o optar por otras jurisdicciones con nuevos atractivos estratégicos.

  • ¿Cómo afectará a las criptomonedas? Es el tabú de los amantes de las cripto. Las empresas de cifrado quedarían en la mira con las nuevas políticas tributarias propuestas. Las criptomonedas, en su esencia, son internacionales. Como consecuencia, y puramente por su funcionamiento, se enmarcan en lo que muchos creen que serán las nuevas reglas relativas a la tributación de las empresas internacionales.

  • Y por último, el dilema de siempre: si bien el G7 representa una gran cantidad del PIB mundial, hay actores masivos como India, China, o Rusia que no están incluidos en éstas nuevas reglas, y es difícil saber o creer que las adoptarán. Asimismo, países como Singapur tienen excelentes normas fiscales para las empresas que simplemente buscan hacer buenos negocios allí y con una presencia mínima.


Lo cierto es que el proceso se inició y se ha sentado un precedente. Puede que termine siendo transformador o no, pero se trata de la definición de mayor importancia desde el inicio de esta novela.

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